Un homenaje a todo el personal de salud_

Gibrán Ramírez ReyesSecretario General de la Conferencia Interamericana de Seguridad Social

En las últimas décadas hemos perdido la medida del honor y de la justicia. Generamos un sistema de reconocimientos que fundó una idea de éxito que sólo se realizaría mediante el dinero. Lo realmente importante se dejó de lado.

Pero, como ha sucedido con otras cosas, la pandemia vino a centrarnos en lo más importante. No aparecen en los listados de trabajadores esenciales los corredores de bolsa, ni los grandes despachos de abogados dedicados a la evasión fiscal, ni tampoco los especialistas en marketing, ni muchos otros oficios de buena parte de los clasemedieros que hemos podido encerrarnos.

Lo realmente importante apareció prístinamente: los jornaleros, los distribuidores de comida, los educadores, los cuidadores, los empleados que gestionan el tránsito y transporte público, el procesamiento de la basura y, sobre todo, los trabajadores de la salud. La salud: ese bien que fue concebido en diversos sistemas como mercancía, lo que propició su descuido y la precarización de los servicios que eran para todos, pero también del trabajo de médicas, médicos, enfermeras, enfermeros, técnicas y técnicos, trabajadores sociales a quienes sólo podía reconocerse y remunerarse en su justa dimensión allí donde las injusticias de la economía hubieran formado un mercado susceptible de comprar su salud a un precio justo.

Pero la salud no es una mercancía. Y no es tampoco sólo un derecho; es, en última instancia, la condición necesaria para la existencia de todas las actividades sociales, del orden todo. Su cuidado es, en consecuencia, la actividad esencial entre las esenciales.

La reconfiguración del reconocimiento social debe derivar, a partir de ahora, en más justicia: a los trabajadores esenciales a quienes la sociedad ha castigado tiene que mirárseles en su justa dimensión. Esto incluye hacer un examen de todas las condiciones históricas que generaron grandes desigualdades entre el gremio médico, una desigualdad independiente del mérito.

Y tenemos que reconocer también todos los errores que, desde el sector público, se han cometido durante largos años y que se cristalizaron en las condiciones de mayor riesgo para quienes enfrentan, en la primera línea, la mayor emergencia de salud pública en la historia reciente del mundo. El saldo de esta pandemia debe ser de reconciliación social y de justo reconocimiento para quienes mantienen los cimientos de la sociedad en pie. Desde la Conferencia Interamericana de Seguridad Social, reconocemos y honramos a todas las médicas y médicos, así como a enfermeras y enfermeros: un tesoro de todas las sociedades cuyo mérito jamás debe ser regateado, así como la mayoría de ellos no han abjurado de lo prometido.

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