En el marco del COVID-19, las madres y padres están desbordados y hay que reconocerlo y visibilizarlo

Millones de hogares alrededor del mundo están aprendiendo a sobrellevar un confinamiento dentro de sus casas, siguiendo recomendaciones de prevención dictadas por sus gobiernos con el único fin de frenar la propagación del Covid-19. Sin embargo, esta conducta social, lejos de ser inofensiva, está generando ciertos problemas en las familias.

“Es necesario visibilizar una situación problemática con serios efectos adversos para quienes tienen la enorme tarea no sólo de cuidar y criar, sino también de garantizar actividades productivas en tiempos de una pandemia mundial”, señala el artículo Maternidad y paternidad en tiempos del cononavirus SARS-COV-2 de la Conferencia Interamericana de Seguridad Social (CISS), donde se explican las dificultades que representa la cuarentena para la familia.

La CISS propone redefinir un nuevo enfoque social que concilie verdaderamente el mundo laboral con el reproductivo. “El gran problema es que las tareas de reproducción social siguen siendo, en su mayoría, trabajo no remunerado que recae desproporcionadamente en manos de las mujeres”. El documento aborda cómo afrontan las familias el confinamiento a partir de la salud mental, la productividad, la clase social a la cual pertenecen, y el desafío de educar.

Un punto clave en este análisis es poner a discusión el nivel de productividad y calidad del trabajo que tanto padres y madres como hijos e hijas pueden llevar adelante en estas condiciones. “Los padres están desbordados y es necesario reconocerlo y visibilizarlo”, apunta el documento.

Los padres se ven presionados por mantener sus trabajos a distancia vía remota en un contexto en el cual su estabilidad emocional está seriamente comprometida, y además deben hacerlo con sus hijos en casa, quienes, a su vez, demandan más de su atención. Esta combinación resulta en una bomba de tiempo que puede terminar ocasionando efectos nocivos en los miembros de la familia: desde violencia doméstica, familiar y de género, hasta abuso infantil, abuso de uso de sustancias, entre otras.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha reconocido que este momento de crisis mundial está generando estrés en la población, por lo que el Departamento de Salud Mental y Uso de Sustancias recomienda buenas prácticas orientadas a fortalecer la comunicación y la convivencia en el hogar para tratar de contrarrestar estos efectos.

De acuerdo con datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), más de 1500 millones de estudiantes en 165 países se ven perjudicados por el cierre de escuelas. Es decir, el 87 % de la población estudiantil mundial está afectada, de ahí que las autoridades educativas de cada país deban ajustar las expectativas de rendimiento de esos niños y jóvenes, a la vez de flexibilizar las condiciones que se requieren para evaluar los conocimientos estudiados.

Una situación más es que el confinamiento sí distingue clases sociales, pues para quienes dependen del trabajo diario, que son mayormente parte del mercado laboral informal y no cuentan con protección social, quedarse en casa no es una opción viable. A estos padres se les exige un esfuerzo físico y emocional dramático, pues al no poder estar confinados y protegidos en sus casas, se exponen a sí mismos y a sus familias al riesgo de contagio.

 

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